Mosca del mediterráneo: un nuevo modelo productivo impulsa el acceso a mercados exigentes
La certificación de establecimientos libres de plagas se consolida como una herramienta clave para mejorar la competitividad del sector frutícola mendocino y ampliar oportunidades comerciales en el exterior. En este contexto, Mendoza dio un paso significativo con el reconocimiento de su primera finca bajo este esquema en el Oasis Norte.
Se trata del establecimiento Santacroce, ubicado en Agrelo, Luján de Cuyo, que fue recientemente validado como Sitio de Producción Libre (SPL) de mosca del Mediterráneo. Este avance, logrado mediante el trabajo conjunto entre el sector privado, el Iscamen y el Senasa, marca un precedente para otros productores de la región.
Actualmente, cerca del 70% del territorio provincial (principalmente en el Oasis Sur y el Valle de Uco) cuenta con el estatus de área libre de moscas de los frutos, lo que permite exportar sin tratamientos cuarentenarios. En cambio, los oasis Norte y Este son considerados zonas de baja prevalencia, donde este tipo de certificaciones por establecimiento adquiere un valor estratégico.
La implementación del modelo SPL permite avanzar con un enfoque más específico, adaptado a cada finca, facilitando el cumplimiento de requisitos sanitarios exigidos por mercados internacionales y generando mejores condiciones para la inversión.
El potencial de Mendoza para producir fruta de calidad en forma temprana, representa una ventaja competitiva en el comercio exterior.
Este tipo de iniciativas reflejan el modelo productivo que se busca consolidar, basado en la articulación entre organismos técnicos y el sector privado.
Desde el Iscamen, remarcaron que este sistema permite a los productores mejorar su posicionamiento y acceder a destinos más exigentes; e invitó a otros establecimientos a avanzar en este camino, destacando que se trata de una herramienta que agrega valor y abre nuevas posibilidades de negocio.
Desde la finca Santacroce explicaron que el proceso de certificación demandó varios años de trabajo, con la implementación de protocolos específicos, monitoreos intensivos y controles permanentes, sin registrar presencia de la plaga. Este resultado no solo garantiza la sanidad del cultivo, sino que también habilita la proyección hacia mercados que exigen condiciones estrictas.
El impacto es relevante para el sector cerecero, ya que permite planificar exportaciones de fruta temprana con mejores condiciones comerciales, lo que se traduce en una mejora significativa en la rentabilidad.
La certificación, enmarcada en la Resolución 137/2026 del Senasa, no solo fortalece el control sanitario, sino que también aporta previsibilidad al negocio agrícola, generando un entorno más atractivo para el desarrollo de nuevas inversiones.
En definitiva, este avance posiciona a Mendoza en una nueva etapa, donde la innovación en estrategias sanitarias y la articulación institucional se convierten en pilares para consolidar su presencia en mercados internacionales cada vez más exigentes.